REFLEXIÓN
Antes de caracterizar
qué se entiende por "persona" quizás convenga recordar qué somos los
seres humanos, cuál es nuestra naturaleza, al margen de las exageraciones de
los existencialistas, empeñados en negar que el ser humano tenga una esencia
universal que permita definirnos e identificarnos. Sabemos por la ciencia que
todos los seres humanos compartimos la misma naturaleza. La naturaleza
humana es el genoma humano, idéntico en todos nosotros en el 99,9%. El
uno por mil de diferencia genética nos distingue a unos de otros,
y hace que seamos hombres o mujeres,
clavos o peludos, rápidos o lentos, Esto no es una hipótesis,
sino una verdad científica, y puede aplicarse a todos los individuos de nuestra
especie que han habitado en este planeta y a todos
los que vengan después de nosotros,
mientras los cromosomas de sus células
contengan la misma información
genética que contienen los nuestros. Hay otra manera de decirlo, quizás
más intuitiva y directa, y consiste en afirmar que el ser humano es todo aquel
individuo que ha nacido de padres humanos. Todos nosotros hemos sido
engendrados por una pareja de humanos, macho y hembra, y por esa razón somos
humanos, al margen de que seamos altos o bajos, más o
menos sociables, inteligentes,
bondadosos o malvados.
La ética nace como una
reflexión del comportamiento humano, de modo que sus ideas versan sobre lo que
es bueno y lo que es malo. Cada persona
busca encontrar en su vida un fin último, desde ahí es posible deducir cuáles
son sus deberes concretos y normas de acción que rigen su comportamiento.
La ética nace dentro de
un momento social histórico, como una respuesta al escepticismo moral. Se
pensaba que las normas y los valores eran una forma de atar o limitar el
desarrollo de las personas sobre todo el desarrollo intelectual, pero las normas morales no son universales,
cada sociedad construye sus propios principios que guía el comportamiento de
las persona.

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